Frente a las costas de Santiago Ixcuintla, a unas 40 millas náuticas, se alza la Isla Isabel: un parque nacional que la UNESCO ha reconocido como Patrimonio Natural de la Humanidad. Su diversidad biológica le ha valido el apodo del “Galápagos mexicano”.

Un santuario de aves marinas

La isla alberga colonias enormes de aves: bobos de patas azules, fragatas magníficas, pájaros tropicales de pico rojo y pelícanos pardos. Durante la época de anidación, caminar por la isla es transitar literalmente entre nidos y polluelos sin temor, porque las aves no reconocen al ser humano como depredador.

Qué hacer en Isla Isabel

  • Observación de aves — decenas de especies en un solo día.
  • Buceo y snorkel — aguas cristalinas con cardúmenes, tortugas, mantarrayas y arrecifes de coral.
  • Senderismo por la isla (rutas reguladas con guía).
  • Fotografía naturalista — uno de los mejores sitios del Pacífico.
  • Avistamiento de ballenas durante la temporada (diciembre–marzo).

Cómo llegar

El acceso se hace por lancha desde los puertos de San Blas, Boca de Camichín o La Batanga (Santiago Ixcuintla). El viaje dura entre 2 y 3 horas dependiendo del puerto y las condiciones del mar.

Visita regulada

Al ser Parque Nacional, la visita requiere permiso de la CONANP. Se recomienda contratar operadores certificados que gestionan el permiso y garantizan el cumplimiento de las reglas del parque.

Hospedaje en la isla

No hay hoteles. Los visitantes acampan en zonas designadas, acompañados por guías. La experiencia es austera pero mágica: dormir bajo cielos sin contaminación lumínica, con el sonido de las aves y el mar.

Recomendaciones

  • Lleva equipo de acampar, comida no perecedera y agua potable.
  • No toques ni alimentes a la fauna.
  • No dejes basura. Todo lo que entra debe salir contigo.
  • La mejor época es de febrero a mayo (anidación + buen clima).
  • Lleva cámara con lente zoom y binoculares.

Isla Isabel es una experiencia de otra dimensión. No es para todo viajero —requiere logística y disposición al camping—, pero quienes llegan hasta ella entienden por qué muchos la consideran la joya natural más valiosa de Nayarit.